miércoles, 11 marzo 2026

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Es recomendable comer queso todos los días.

Comer queso

Para tener una alimentación sana y equilibrada deberíamos comer entre 2 y 4 raciones de lácteos al día. Dentro de esos lácteos, un producto imprescindible son los quesos, los cuales es adecuado comer entre 1 y 3 raciones diarias.

Comer lácteos diariamente es fundamental ya que nos aportan toda una serie de nutrientes esenciales que son imprescindibles para el funcionamiento de nuestro organismo. Por un lado nos proporcionan calcio, necesario para mantener los huesos fuertes. Pero también proteínas, fosforo y vitaminas D y B12. Todo ello, sin olvidar a que ayudan a repoblar la microbiota intestinal, nuestra principal barrera inmunológica y un ecosistema necesario para poder asimilar los nutrientes de los alimentos.

Dentro de estos lácteos, el queso tiene un peso específico. Contiene bacterias beneficiosas, que han intervenido en la fermentación de la leche y que una vez asimiladas, reforzarán nuestra salud intestinal. Así como una concentración de fósforos y proteínas que son inestimables para nuestra salud. Una ración de queso contiene tanto fósforo como una caja de cerillas.

A efectos nutricionales todos los quesos no tienen el mismo peso. Si hablamos de queso curado, no deberíamos comer más de 50 gramos diarios. Ya que contienen un alto aporte calórico y una alta cantidad de grasa. Mientras que con el queso fresco, podríamos comer entre 100 y 150 gramos al día.

Muchos quesos son adecuados incluso para personas alérgicas a la lactosa. Especialmente los quesos curados. Durante su proceso de curación, el queso ha perdido casi toda la lactosa de la leche. Por lo que estos quesos son una opción perfecta para consumir lácteos entre aquellas personas que no los toleran.

El queso es adecuado incluso entre las personas que están siguiendo una dieta de control de peso. Éstas y más cosas vamos a ver en este artículo.

Los beneficios de comer queso.

Antes de profundizar vamos a ver cuáles son los beneficios que nos aporta comer queso cada día. Estos son los más significativos:

  • Nos aporta proteínas. El queso es una excelente fuente de proteínas alta calidad, esenciales para el mantenimiento y reparación de músculos, tejidos y sistema inmunológico. Una ración de queso manchego (30 gr) nos aporta entre 6,6 y 8 gramos de proteína. El 25% de un queso curado son proteínas.
  • Fortalece los huesos y los dientes. El queso es rico en calcio y fósforo y además nos lo ofrece de manera concentrada, lo cual es bueno para mantener una buena densidad ósea y prevenir problemas como la osteoporosis.
  • Contribuye a la salud dental. En otro aspecto, el queso estimula la producción de saliva y ayuda a neutralizar los ácidos en la boca, lo que reduce el riesgo de padecer caries.
  • Es una fuente de vitaminas. Como ya dijimos al principio, el queso contiene vitaminas del grupo B (especialmente B12), vitamina A y, en algunos casos, vitamina D, importantes para el sistema nervioso, la vista y la función inmunitaria.
  • En cantidades adecuadas, puede favorecer la salud cardiovascular. Algunos estudios médicos sugieren que el consumo moderado de lácteos fermentados, como el queso, puede asociarse con menor riesgo cardiovascular, especialmente en el contexto de una dieta equilibrada, pudiendo reducir los índices de colesterol.
  • Los quesos curados aportan probióticos. Algunas variedades de queso, como los quesos curados o el queso azul, contienen bacterias beneficiosas que contribuyen a mantener el equilibrio de la microbiota intestinal.
  • Es un alimento que nos sacia. La composición del queso, en el que se combinan proteínas, grasas, vitaminas y minerales, ayuda a mantener la sensación de saciedad, lo que evita el picoteo entre horas.

Todos los quesos no son iguales.

A menudo, con la intención de comer queso, acudimos al supermercado y compramos quesos industriales que, en realidad son sucedáneos de queso. Lo hacemos porque tienen un sabor agradable y son económicos. Me refiero, como no, a las cremas de queso, algunos quesos para untar, queso en porciones (quesitos) y al queso fundido, tipo tranchete. Aunque estos productos contienen calcio, son alimentos ultra-procesados que poseen un alto nivel de sodio, aditivos y, sobre todo, grasas saturadas que nos son buenos ni para la salud cardiovascular ni para mantener un índice de masa corporal adecuado.

Esta una solución que ha encontrado la gran industria alimentaria para fabricar un producto de gran consumo que nos seduce con el nombre del queso. Incluso, las grandes centrales queseras, recurren a menudo a mezclar grasa de origen lácteo con la leche para aumentar la producción y bajar los costes.

Los consumidores estamos cada vez más preocupados por la alimentación que tomamos. Queremos alimentarnos de una manera sana. Debemos saber que el queso forma parte de la dieta mediterránea. Una dieta que se acostumbra a tomar como ejemplo de dieta equilibrada. Eso sí, los quesos que tradicionalmente hemos tomado los pueblos mediterráneos han sido quesos artesanales que han seguido un proceso tradicional de elaboración.

Por suerte, muchos productores de queso se empeñan en recuperar la tradición. Como el queso Adiano, una quesería de Ciudad Real, galardonada internacionalmente, y que se ha obstinado en recuperar los procedimientos tradicionales con los que siempre se ha elaborado el queso manchego, uno de los más apreciados del mundo.

Este es un tema básico que debemos tener en cuenta a la hora de consumir queso. Debemos priorizar los quesos originales frente a alternativas económicas y ultra-procesadas que nos presenta la industria. Son de estos quesos, los clásicos, de los que vamos a estar hablando en este artículo.

Los quesos más saludables.

Aclarado esto, vamos a ver cuáles son los quesos más saludables. La revista Womens Health nos presenta una interesante lista en la que considero oportuno detenernos:

  1. Requesón. El requesón es la opción más saludable, ya que tiene una alta proporción de proteínas y es baja en grasas y sal. No es un. queso propiamente dicho, es un queso en formación. Un suero lácteo fermentado. Sus fermentos tienen efecto probiótico.
  2. La Mozarela. Este si es un queso fresco de leche de vaca con una textura muy cremosa, bajo en calorías y que ayuda al tracto digestivo.
  3. Queso fresco. En el siguiente nivel encontramos el queso fresco, como el queso de Burgos. Un queso rico en proteínas, pero bajo en grasas y en calorías que lo hace adecuado para las dietas de adelgazamiento y para los procesos de recuperación posteriores a una lesión muscular.
  4. Queso batido. Este queso es un queso fresco, generalmente de vaca, que se bate para proporcionarle una textura más cremosa. Este queso tiene un alto contenido en calcio.
  5. Queso feta. El queso feta es un queso blanco que proviene de Grecia y Turquía y que se elabora con leche de oveja o de cabra, la cual se deja madurar en salmuera. Este queso es una fuente de vitaminas y minerales esenciales.
  6. Queso parmesano. Este es un queso italiano de pasta dura que solemos consumir con un nivel de maduración avanzado, entre 12 y 36 meses. Durante su proceso de elaboración, la leche cruda de vaca pierde parte de la grasa, por lo que no es uno de los quesos más mantecosos. Como sucede con otros quesos es una importante fuente de proteínas y de calcio.
  7. Queso Cheddar. Es un queso británico, de color anaranjado. Resulta curioso, pero cuanto más maduro se encuentre, más saludable es. La razón de ello es que durante su envejecimiento va consumiendo la lactosa de la leche, por lo que resulta una opción indicada para las personas con intolerancia a la lactosa.
  8. Queso de cabra. Los quesos de cabra, por lo general, suelen ofrecer grandes beneficios gastrointestinales. La razón de ello es que la fermentación de esta leche genera una alta proporción de probióticos; al tiempo que suelen ser quesos bajos en grasas saturadas y ricos en proteínas.

¿Cuándo comer queso?

Esta es una pregunta interesante que tiene varias respuestas. Desde luego, depende bastante del tipo de queso del que estemos hablando.

Una de las respuestas más habituales es la de comer el queso de postre. Una alternativa que a mí, personalmente, nunca me ha convencido. La razón de ello es que el queso tiene un efecto saciante, y se supone que la comida que hemos tomado antes ya nos ha saciado el apetito.

Por esta razón, si lo veo adecuado para tomar como aperitivo a media mañana o como una especie de merienda informal. Una tapa de queso, de cualquier tipo, acompañada de una copa de vino o de una cerveza bien fresca nos permite nos permite aguantar sin problemas hasta la hora de comer o cenar.

Los quesos tiernos son un estupendo ingrediente para las ensaladas. Mezclado con la verdura, el queso aporta la proteína de los que los vegetales carecen. Al tiempo que es un recurso para hacer las ensaladas más variadas y atractivas.

En el mismo sentido, una ración de queso puede ser un entremés perfecto para una comida con un bajo aporte calórico. Los italianos acostumbran a comer una ensalada elaborada con rodajas de tomate con mozarela por encima, aliñada con albahaca picada y aceite de oliva, que es una estupenda apertura para cenas ligeras.

Una tabla de queso, tomado como algo ocasional, es un plato único, completo, que nos puede resolver una comida.

Por último, los quesos frescos o el requesón podemos introducirlos perfectamente en el desayuno. Siempre serán más sanos que la mantequilla que untamos en la tostada.

Los nutricionistas lo recomiendan. 

La nutricionista Carol Satorres comenta en la revista Vanitatis que los quesos se pueden comer en cualquier circunstancia, aunque sigamos una dieta para perder peso. “Mucha gente piensa que el queso engorda, y que hay que eliminarlos de nuestra alimentación si pensamos perder grasa” – señala la experta en nutrición. – “El problema no es el queso sino la cantidad y la frecuencia con que lo tomamos.”

Unos quesos nos permiten comer más cantidad y otros requieren que seamos más cautos, que moderemos su consumo. Así, por ejemplo, un queso curado, que tiene más calorías que uno fresco, no tenemos que eliminarlo por completo de nuestra dieta. Tan solo debemos tomarlo de manera ocasional. A lo mejor una ración de 30 o 50 gramos al mes.

Un queso fresco, al tener menos calorías, nos permite un consumo más habitual. Pudiéndolo integrar sin problemas en cualquier tipo de dieta.

De todos modos, dice Satorres, que si queremos un queso que podamos tomar sin restricción, incluso para incorporarlo a las salsas, ese el queso cottage. Este es un queso fresco, sin madurar, con una textura cremosa y un sabor suave, que posee una alta cantidad de proteínas, calcio y nutrientes esenciales; al tiempo que apenas contiene grasa.

Este es un queso bastante versátil. Podemos untarlo en una tostada. Si queremos, podemos comerlo en preparaciones con fruta y miel, o añadirlo a la ensalada.

La tabla de quesos.

La tabla de quesos es una de las opciones más interesantes que tenemos para disfrutar del queso. Como señala el blog Exquisitoo es toda una experiencia gastronómica.

Acostumbramos a acompañar la tabla con frutas, frutos secos y/o en curtidos. Debemos saber que todos estos acompañamientos no combinan bien con todos los quesos. Los frutos secos pegan bien con los quesos tiernos, mientras que los encurtidos son un estupendo refuerzo para los quesos más intensos. Los quesos curados con lo que mejor pegan es con el pan con tomate restregado y aceite.

Para preparar una tabla de quesos necesitamos como mínimo entre 4 y 8 variedades de queso con diferente intensidad, textura y nivel de maduración. Lo quesos más suaves se cortan más gruesos, mientras los quesos más curados se deben cortar finos. Ciertos quesos duros, como el parmesano curado, que se desgaja al corte, se puede presentar en formas irregulares.

Los quesos debemos presentarlos en secuencia. Colocándolos según su nivel de intensidad. De esta manera empezamos por los quesos suaves y vamos continuando con los quesos más intensos, para terminar con quesos viejos, de sabor contundente.

La tabla de quesos la comeremos siguiendo el orden de las agujas del reloj. De los quesos más suaves a los quesos más fuertes. El objetivo no es solo comer queso, sino tener una experiencia in crescendo.

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